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Sábado 24 de octubre de 2026

La "política económica antifascista" de Isabella Weber divide a la economía alemana

La economista propone topes a los precios de bienes cotidianos para frenar el avance de la extrema derecha. Un comentario del diario Frankfurter Allgemeine la rechaza, aunque admite que expresa un malestar real.

Redacción

· 2 min de lectura

La "política económica antifascista" de Isabella Weber divide a la economía alemana
Imagen · Frankfurter Allgemeine

La economista Isabella Weber formula en podcasts, entrevistas y ahora en un libro una "política económica antifascista", cuyo núcleo es fijar topes a los precios de los bienes de uso cotidiano. Su planteo gana atención en Alemania en un momento en que la izquierda afina su programa económico, según un comentario del Frankfurter Allgemeine Zeitung, de línea liberal.

El planteo de Weber

El eje de su argumento es la oposición entre mercado y personas. Según Weber, el "fundamentalismo de mercado" produce perdedores en masa, que se alejan de la democracia y se vuelcan al fascismo. Su remedio son los controles de precios, sustentados en dos ideas: que las empresas suben los precios de manera desproporcionada en las crisis y que la libre formación de precios es una utopía, porque pocos grupos dominan los mercados.

El comentario imagina un escenario en 2029: un gobierno de SPD, Verdes y Die Linke que controla los precios del pan, la manteca y la nafta, y una comisión encabezada por Weber y el economista Tom Krebs que prepara la socialización de viviendas de alquiler, redes eléctricas, residencias de cuidado y plataformas como Uber. Es una hipótesis del autor, no un hecho. Sostiene, sin embargo, que ya no resulta tan lejana, porque en las encuestas nacionales SPD, Verdes y Linke se acercan, sumados, a la AfD y a la CDU/CSU.

Las objeciones

El diario rechaza la tesis. Recuerda que fueron los nazis quienes regularon precios a gran escala y sometieron la economía, y que los pensadores de la economía social de mercado apostaron por precios libres y una defensa de la competencia estricta para impedir la concentración de poder. Calificó de "afrenta" presentar a esa tradición como antesala de un fascismo de la AfD.

También cuestiona su base científica. Afirma que muchos economistas consideran errónea la idea de una suba deliberada de precios por parte de las empresas, y que los topes fracasaron en experiencias concretas, de la RDA al límite a los alquileres de Berlín, porque agravaron la escasez sin atacar las causas de las crisis.

Un malestar que persiste

Aun así, el comentario admite que el éxito de Weber, incluso en sectores cultos y moderados, se explica porque recoge preocupaciones reales. Señala que en Alemania y otras democracias occidentales crece la sensación de que los gobiernos carecen de fuerza y de recetas para las crisis superpuestas, y que el crecimiento no basta para aplacar la ira y la impotencia, ni tampoco un Estado de bienestar que, según el texto, creció. Agrega que los partidos de centro subestiman la inseguridad que generan los cambios tecnológicos, la pérdida de autonomía en trabajos automatizados o burocratizados y el papel de los algoritmos de las redes sociales como amplificadores de furia.

Una lectura

El debate muestra que la discusión sobre precios ya no es solo técnica: se volvió una disputa por quién ofrece respuesta a la sensación de pérdida de control. Queda abierto si el centro puede presentar un programa más amplio que el de los topes, y la propia crítica liberal lo reconoce al plantear que una política es antifascista si limita el poder y devuelve margen de acción a las personas. Habrá que seguir las encuestas y qué propuestas concretas adoptan los partidos de izquierda.

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