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Sábado 24 de octubre de 2026

"Liebhaberinnen": Jelinek llega al cine en clave de precariedad actual

Caroline Kox, "Koxi", y Antonio De Luca adaptaron la novela de 1975 y la trasladaron a la era de los influencers y el alquiler temporario. Dicen que el cine confirma la vigencia de su mirada sobre clase y patriarcado.

Redacción

· 3 min de lectura

"Liebhaberinnen": Jelinek llega al cine en clave de precariedad actual
Imagen · Frankfurter Allgemeine

La novela "Die Liebhaberinnen" (Las amantes), de Elfriede Jelinek, publicada en 1975, llegó a los cines en una adaptación de Caroline Kox, conocida como Koxi, y Antonio De Luca. En una entrevista con el diario Frankfurter Allgemeine, los dos realizadores explicaron qué los llevó a trasladar la historia al presente.

Dos mujeres, dos estrategias

El libro sigue a Brigitte, obrera de una fábrica que quiere casarse con el electrotécnico Heinz para asegurarse el futuro económico, y a Paula, una joven costurera a la que su familia echa después de tener un hijo fuera del matrimonio. En la película, Brigitte trabaja como azafata de ferias y busca atrapar a un Heinz rico y desagradable. Paula quiere ser influencer y vende a hombres su agua de baño y sus medias.

Brigitte, además, está endeudada: alquila su departamento a huéspedes de Airbnb y duerme a escondidas sobre una colchoneta de yoga en un gimnasio.

Clase y vigencia

Según Koxi, las circunstancias cambiaron, pero la esencia del libro se traslada sin esfuerzo: la esperanza de una vida mejor y, sobre todo, la supervivencia en una sociedad patriarcal. Sostuvo que Jelinek es una autora marxista y que la novela trata también de clase: a quién se ama, o se permite amar, es siempre una cuestión económica.

De Luca contó que las reacciones del público son dispares. Algunos no entienden cómo alguien que trabaja puede estar quebrado; para otros, ver a Brigitte en pantalla es una liberación, porque se sienten reconocidos. Dijo que le preocupa la poca comprensión que algunas personas tienen de la precariedad.

Cuerpo, presión estética y hombres

Consultado por la presión sobre las mujeres para gustarle a un hombre, De Luca habló de "una fase grotesca de autodesprecio" proyectada sobre todo en ellas, que llega al punto de querer cambiarse la cara o no soportar el propio olor. En la película, Heinz se inyecta testosterona; para De Luca, lo que en pantalla parece un chiste es algo extendido en la realidad. Afirmó que muchos hombres recurren a la atención de afirmación de género para reafirmarse en su sexo y que ellos también sufren en el patriarcado, por ejemplo al tener que sostenerlo.

Koxi relató que un hombre le dijo tras una función: "Yo también soy una Brigitte y una Paula". Para ella, todos están atrapados en la rueda del capitalismo, y los personajes del libro son víctimas de sus circunstancias.

De Luca recordó que Jelinek dijo hace poco que el primer paso para liberarse de una mujer es dejar de querer gustar. Admitió que salirse del sistema es posible si se rechaza lo masivo, pero difícil si se quiere participar del mundo. Para los directores, libro y película plantean además un conflicto generacional: las personas reproducen sin darse cuenta su propia opresión y no toleran que otros vivan mejor.

Libertad creativa y método

Koxi aseguró que no hubo restricciones ni devoluciones de Jelinek durante el desarrollo del guion. Según explicó, cuando la autora cede sus textos suele permitir usarlos con libertad. Ellos recortaron el texto por completo y lo rearmaron como un rompecabezas, una "inventario".

Ambos compusieron juntos música de cine, y De Luca atribuyó a esa formación su capacidad de escucha. A veces transcribieron conversaciones ajenas, y algunas llegaron textuales a sus películas. Para él, los diálogos reales, donde la gente habla sin escucharse y nunca llega a un punto, resultan absurdos.

Una lectura

La adaptación apuesta a que la dependencia económica y la presión sobre el cuerpo de la novela de los años setenta encuentran equivalentes en la economía de plataformas y la cultura de la imagen. Queda abierta la pregunta de cómo recibirá el público esa traslación: los propios directores reconocen que hay espectadores que no la comprenden. También conviene seguir si la película logra que la mirada marxista de Jelinek llegue más allá de quienes ya se sienten representados.

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