Lula remonta el balotaje y frena el avance de la derecha en la región
Con 51,7% de los votos válidos frente al 48,2% de Flavio Bolsonaro, el líder del PT logró un cuarto mandato tras perder la primera vuelta. Es la primera victoria de la izquierda en una presidencial latinoamericana desde el regreso de Trump a la Casa Blanca.

Luiz Inácio Lula da Silva ganó el balotaje presidencial de Brasil del domingo con 51,7% de los votos válidos, contra 48,2% del derechista Flavio Bolsonaro, con casi la totalidad del escrutinio completado. A los 80 años, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) gobernará por cuarta vez el país, en un resultado que muchos consideraban improbable pocos días antes.
Bolsonaro, hijo y heredero político del expresidente de ultraderecha Jair Bolsonaro, había ganado la primera vuelta de principios de este mes por casi dos puntos porcentuales. Además, recibió el apoyo de dos de los tres candidatos eliminados con más votos; el tercero evitó pronunciarse, pero, al ser también de derecha, se creía que sus seguidores se inclinarían por él.
Desde que Brasil instauró este sistema electoral, hace casi cuatro décadas, nadie había ganado un balotaje presidencial tras ser superado en la primera vuelta. Jair Bolsonaro, derrotado hace cuatro años por Lula, está preso por intento de golpe de Estado.
Una remontada con medidas sociales
Antes de la segunda vuelta, Lula apeló a su base en las clases populares con aumentos y adelantos de pagos de Bolsa Familia, su programa social insignia, y con una ley para reducir la semana laboral de seis a cinco días. “Si había alguien capaz de darle la vuelta a esa situación (electoral) es Lula, cualquier otro líder probablemente no lo lograría”, dijo Carolina Pedroso, profesora de relaciones internacionales de la Universidad Federal de São Paulo.
Lula había dicho que esta sería su última batalla en las urnas y comentó que quiere cumplir un nuevo mandato “histórico” antes de retirarse.
De la pobreza a la presidencia
Nació el 27 de octubre de 1945 en Pernambuco, en el noreste pobre de Brasil, séptimo de ocho hijos de una pareja de agricultores analfabetos. De niño fue lustrador de zapatos, dejó la escuela a los 14 años y se formó como tornero mecánico. Fue líder sindical metalúrgico durante la dictadura y fundó el PT.
En 2003 se convirtió en el primer expresidente obrero, en su cuarto intento. Sus dos primeros mandatos se destacaron por programas sociales que sacaron a millones de brasileños de la pobreza y redujeron el hambre y la desigualdad, en un boom de precios de materias primas. Entregó el poder en 2011 con más de 80% de aprobación a Dilma Rousseff.
Los gobiernos del PT también tuvieron escándalos de corrupción. Lula pasó 19 meses preso entre 2018 y 2019 por una condena del caso Lava Jato que luego fue anulada por errores procesales y falta de imparcialidad del juez. Volvió al poder en 2022, aliado con sectores de centroderecha. Desde entonces, Brasil recuperó normalidad y crecimiento, aunque con tasas menores que en sus primeros mandatos, y con endeudamiento público y familiar preocupante. Hubo caída de la pobreza y del desempleo, a costa de un creciente deterioro fiscal.
Un mapa regional adverso
Es la primera elección presidencial que gana la izquierda en América Latina desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca el año pasado. En Colombia, Perú, Costa Rica, Honduras, Chile, Bolivia y Ecuador triunfaron candidatos conservadores. Trump buscó ampliar su influencia al respaldar a candidatos afines, ordenar operaciones militares en la región y formar con 14 gobiernos el Escudo de las Américas.
Lula es de los pocos presidentes de la región que enfrentó abiertamente esa ofensiva. “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, dijo en septiembre ante la Asamblea General de la ONU, donde advirtió sobre “tentaciones hegemónicas”.
Un mandato complicado
El nuevo período comenzará el 1 de enero con un Congreso de mayoría derechista. Magna Inácio, profesora de ciencia política de la Universidad Federal de Minas Gerais, dijo a BBC Mundo: “Los partidos de derecha contarán con un mayor número de diputados, y hoy tienen claro que pueden fortalecerse y mantenerse como una alternativa de gobierno muy sólida”. Y agregó: “Eso implica no solo que el gobierno tendrá mucho trabajo por delante, sino también amenazas constantes de juicio político”.
Edgar Franco-Vivanco, director del Centro de Elecciones de América Latina de la Universidad de Michigan, coincidió en que Lula “va a tener un gobierno muy complicado”. A eso se suma el desafío físico de gobernar un país de tamaño continental para un octogenario que superó un cáncer de laringe en 2011 y otro de piel, extirpado de su cuero cabelludo este año.
Lectura
La victoria le da a Lula un lugar en la historia y a la izquierda regional un respiro, pero con un margen estrecho. Queda abierto cómo sostendrá el equilibrio fiscal tras las medidas previas al balotaje y cómo negociará con un Congreso adverso. También cuenta su salud y el hecho de que, como sugieren los analistas, los gobernantes suelen ser recordados más por su salida que por su llegada.
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