Observar aves podría frenar el envejecimiento cerebral y mejora el bienestar de mayores
Estudios en Canadá, Alemania y Polonia vinculan esta actividad con cerebros mejor organizados y con mejoras en la memoria y el ánimo de personas mayores, incluso con demencia.

Cada semana, un grupo de personas mayores con dificultades de memoria se reúne en un escondite de madera junto a Forge Mill Lake, en West Midlands, Reino Unido, para observar aves con prismáticos. El grupo lo gestiona Age UK. Allí, según contó Jenny Budinger, asesora comunitaria sobre demencia de la organización, personas retraídas o ansiosas se animan al avistar un petirrojo o un ostrero.
Uno de los participantes, Harold (nombre modificado por privacidad), tiene 78 años y demencia. Su hija lo llevó con la esperanza de que el entorno lo ayudara. Después de un comienzo inquieto, Harold sonrió y rió por primera vez en mucho tiempo. "En ese instante, él estaba plenamente presente; no le preocupaban su memoria ni su confianza en sí mismo", dijo Budinger.
Hay grupos de observación de aves en residencias de ancianos del Reino Unido, Alemania y Estados Unidos. Investigaciones recientes sugieren que la práctica puede tener efectos medibles en el cerebro.
Cerebros más organizados
Erik Wing, de la Baycrest Academy for Research and Education, en Toronto, comparó imágenes de resonancia magnética de observadores expertos y principiantes mientras identificaban especies. En los expertos, regiones vinculadas con la atención, la percepción visual y el reconocimiento visual tenían una configuración distinta y mayor actividad, sobre todo ante aves desconocidas.
Además, ciertas regiones mostraban niveles de organización y coherencia superiores a los de novatos de la misma edad. La organización cerebral suele disminuir con los años, y niveles bajos se asocian con menor capacidad cognitiva. Wing habló de una "especie de preservación de la organización" y planteó que podría haber neuroplasticidad, es decir, capacidad del cerebro de modificar su forma y función con el tiempo.
Los resultados no permiten saber si las diferencias son causa o efecto de la experiencia. Wing indicó que hace falta más investigación, aunque los datos podrían indicar que adquirir esta habilidad temprano "podría reportar beneficios que perduran hasta la vejez".
Beneficios sin ser experto
Un estudio con 388 observadores de aves en Polonia halló que quienes mostraban más interés y consideraban la actividad importante en su vida tenían más probabilidades de experimentar restauración psicológica (calma, libertad, renovación) que quienes tenían gran destreza pero menos entusiasmo.
Elisabeth Kals, profesora de la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt, en Alemania, instaló comederos en 65 residencias de ancianos, visibles desde las zonas comunes. Evaluó cognición, movilidad y bienestar con autoinformes y aportes del personal y de familiares. Tras un mes, la observación de aves explicaba el bienestar de los residentes mejor que su edad o su nivel de dependencia.
"Los resultados fueron claramente positivos", afirmó Kals. Según dijo, los residentes seguían mejor las conversaciones, reconocían aves que habían aparecido antes y estaban más atentos; algunas mejoras se notaban a las tres o cuatro semanas. Aseguradoras de salud alemanas, que financiaron inicialmente el proyecto, invirtieron en comederos y zonas de observación en más de 400 residencias de Baviera. "Fue tan eficaz que, sencillamente, permitió ahorrar dinero", dijo Kals.
Programas y accesibilidad
En Estados Unidos, "Bird Tales" funciona desde 2013 en cuatro centros de Connecticut, Texas y Colorado. Combina comederos con peluches de pájaros que emiten sonidos reales. Los participantes dicen que les resulta estimulante y que los conecta con su pasado. Un programa de la Universidad de Montana, iniciado en 2021, usa observación guiada e identificación de cantos con personas que sufrieron un accidente cerebrovascular, algunas con afasia.
En una encuesta británica a personas con demencia y cuidadores, observar aves y fauna fue la segunda actividad al aire libre más popular, detrás de caminar por la naturaleza. El mismo estudio señaló que el transporte y el acceso son obstáculos importantes, algo que puede no pesar si las aves se ven desde la ventana de la cocina.
Para Kals, el efecto reúne "la naturaleza, la atención, la emoción, el sentido, la interacción social y la actividad", y la práctica es "extremadamente accesible". Wing atribuyó parte del beneficio a la curiosidad, que podría activar noradrenalina y dopamina, con efecto antiinflamatorio.
Una lectura
Los datos apuntan en una misma dirección, pero son de distinto tipo: imágenes cerebrales que no distinguen causa de efecto, encuestas de interés y programas en residencias cuyas mediciones dependen en parte de autoinformes y percepciones. Queda abierto cuánto del efecto se debe a las aves y cuánto a la atención, la compañía y el contacto con la naturaleza. Lo que sí muestra la experiencia bávara es que una intervención barata puede resultar viable a gran escala.
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