Shida Bazyar vuelve a Hermeskeil, el pueblo cuyo pasado nazi convirtió en novela
La autora, ganadora del Premio del Libro Alemán, recorrió su pueblo natal y habló de lo que ese lugar nunca discutió: la historia nazi detrás de edificios, comercios y casas.

Shida Bazyar nació en 1988 en Hermeskeil, en la región del Hunsrück, y el 5 de octubre ganó el Deutscher Buchpreis con una novela sobre el pasado nazi de ese pueblo. Un atardecer de octubre, frente al albergue juvenil local, resumió el problema: "Todos se benefician hasta hoy de estos lugares, pero nunca se tematizó".
Un pueblo modelo del nazismo
Ese albergue, otro albergue, la escuela primaria y el jardín de infantes se construyeron hacia 1936 y 1937 como obras del "Gaumusterdorf", un pueblo modelo del régimen. En la infancia y la adolescencia de Bazyar, ese pasado no se mencionaba. En clase de historia se hablaba del campo de concentración de Hinzert, a unos siete kilómetros, pero eso no llevaba a pensar en Hermeskeil. "El mal ocurría en otro lado, no detrás de la propia puerta", dijo.
En 2019 leyó "Juden im Gaumusterdorf", del docente jubilado de religión Heinz Ganz-Ohlig. El libro desmiente lo que decía la crónica municipal de 1970: que los judíos del lugar, "abatidos" por los hechos de la Noche de los Cristales Rotos, habían emigrado a Estados Unidos y que Hermeskeil fue declarada "libre de judíos". Con investigación de archivo, Ganz-Ohlig documentó que 21 judíos de Hermeskeil fueron asesinados. Bazyar contó que sintió vergüenza: "Yo misma caí en las mentiras".
"Die Lücken"
De ahí salió "Die Lücken" (Los vacíos), que cuenta durante 90 años la historia de Heimesbach, un pueblo ficticio del Hunsrück inspirado en Hermeskeil. El espíritu de una muerta salta a las vidas de los personajes en distintas épocas, y la novela incluye la llegada de dos familias refugiadas en los años noventa. El jurado la definió como una "novela contra la indiferencia".
Entre los locales de la novela casi solo hay perpetradores. La única figura que protegió al sistema por no hacer nada es Resi, que renunció al trabajo con comerciantes judíos cuando estos fueron presionados. Bazyar dijo que quiso responder cómo personas comunes, con dudas, se convirtieron en perpetradores: "Se creían los buenos, como todos nos creemos los buenos. Y no fueron perpetradores por accidente, sino porque quisieron".
Casas, comercios y vecinos
Según Bazyar, por testimonios sabe que casi todas las familias de Hermeskeil tienen un pasado nazi. Un local de moda hoy vacío fue un comercio de propietarios judíos; donde hay una ortopedia vivió una familia judía. Fueron expropiados de hecho. Kurt Bonert, dueño de la ortopedia, dijo que nadie le había preguntado antes por eso: "Es parte de nuestra historia". Compró la casa en los ochenta y sabe poco de sus anteriores dueños. Contó que se enteró por el diario de la colocación de placas conmemorativas (Stolpersteine) semanas atrás y que habría ido.
Bazyar integra desde hace unos años un grupo de trabajo local sobre ese pasado. En el pueblo hay códigos QR que remiten a un mapa interactivo, y los arrancan una y otra vez. Sobre las bases de datos sobre el nazismo, abiertas desde hace unos meses, dijo que es positivo, pero que es una "pseudoinvestigación": la afiliación al partido nazi dice poco, y quien no figura pudo cometer crímenes de guerra en la Wehrmacht. Para ella no hay confrontación porque la mayoría de los testigos murió.
Aplausos y silencios
En la lectura, con unas 220 entradas agotadas, el intendente Christoph König se dijo "increíblemente orgulloso" y afirmó: "En Hermeskeil nos enfrentamos al pasado". También le dijo a la autora que lo enorgullece que ella y su familia, que había huido de Irán donde el padre fue perseguido como comunista, hallaran allí un hogar seguro. Bazyar, que cree que el entusiasmo actual es "la primera ola" y que algunos se enojarán, sonrió con reserva.
Su primera novela, "Nachts ist es ruhig in Teheran", está en la lista corta del Booker Prize; la segunda, "Drei Kameradinnen", se estrena en cine a principios de noviembre.
Una lectura
La noche mostró una distancia entre el orgullo público y lo que el pueblo sabe de sí. Tras la lectura, dos hombres hablaron del auge de la ultraderecha; uno dijo que al menos no tienen a la AfD en el concejo, aunque el partido sacó cerca del 20% en las elecciones federales en la zona. La pregunta abierta es si el premio impulsará una discusión local o quedará en celebración, mientras los códigos QR siguen siendo arrancados.
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