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Sábado 24 de octubre de 2026

Tres inmigrantes en Alemania cuentan por qué creen en el país que muchos alemanes critican

Un cirujano infantil rumano, un fisioterapeuta de familia filipina y un carnicero indio coinciden: el trabajo duro rinde y el pesimismo alemán les resulta ajeno. También advierten sobre el giro a la derecha.

Redacción

· 3 min de lectura

Tres inmigrantes en Alemania cuentan por qué creen en el país que muchos alemanes critican
Imagen · Frankfurter Allgemeine

En un país donde, según describe el autor del reportaje del diario Frankfurter Allgemeine, la natalidad cae, la economía se estanca y la inflación sube, tres inmigrantes o hijos de inmigrantes siguen viendo a Alemania como una oportunidad. Son el cirujano infantil Alexandru Tocut (37), el fisioterapeuta Mark Enriquez (36) y el carnicero Pratyay Saikia (25).

El trabajo como camino de ascenso

Tocut llegó el 3 de octubre de 2014, Día de la Unidad Alemana, con su esposa y tres valijas en el Dacia Logan de su padre, para trabajar en una clínica. Los rumanos son hoy el segundo grupo más numeroso entre los médicos extranjeros en Alemania. Trabaja en el Hospital Municipal de Karlsruhe, donde suele cubrir ausencias de colegas, y se nacionalizó hace unos años. Dice no entender las críticas al sistema hospitalario: "Comparado con eso, Alemania tiene uno de los mejores sistemas de hospitales que hay". Admite que los aportes son altos, "pero se puede estar peor". Atribuye su dedicación al ejemplo de su padre, médico en Rumania: "Me inculcaron desde chico: quien trabaja mucho, avanza".

Enriquez abrió hace poco más de un año su propia consulta, Neuromotion, en Múnich. Pagó su formación trabajando de noche en gastronomía y viajando entre Darmstadt y Fráncfort ("el tren era mi segundo dormitorio"). En los primeros meses trabajaba semanas de 60 o 70 horas. Para abrir pidió un crédito; pese a la burocracia, dice, encontró un banco que lo apoyó. Continúa el recorrido de su madre, una filipina que emigró como partera. El reportaje recuerda que los hijos de inmigrantes se hacen autónomos con más frecuencia que quienes no tienen historia migratoria.

Lo que valoran y lo que no entienden

Saikia, que aprobó este verano su examen de oficial en la carnicería Lederer, de Weil am Rhein, destaca que en Alemania todo oficio recibe el mismo respeto. En India, contó, un carnicero es visto como un trabajo de pobres y sus propios padres creen que eligió mal. Tocut valora la vida cotidiana, como andar en bicicleta sin miedo a que un camión lo atropelle.

Ninguno comprende el malhumor generalizado. Tocut habla de una sociedad de bienestar, con pocos pobres y relativamente segura, aunque reconoce los atentados. Saikia, en cambio, entiende el malestar con extranjeros que no respetan las reglas y sostiene que quien llega debe aprender el idioma y respetar la cultura. Enriquez, que se define optimista, cuenta que cuando anunció su proyecto muchos dudaron de él y que aún hoy escucha poco un "buen trabajo".

Inmigración y futuro

Tocut dice que lo que le preocupa es "el giro a la derecha en Alemania", que podría reducir la llegada de gente: "Entonces nos irá peor a todos". Afirma que ningún hospital funcionaría sin médicos, enfermeros, personal de limpieza o técnicos del exterior. La consulta de Enriquez emplea a un japonés y a una brasileña, y el dueño de la carnicería, Joachim Lederer, dice que su negocio no tendría futuro sin inmigrantes. Saikia piensa quedarse unos años y quizá armar un proyecto propio que mezcle productos alemanes e indios.

Una lectura

Son tres testimonios elegidos por afinidad, entre conocidos y un caso ya retratado, y no una muestra representativa. Aun así, muestran una tensión concreta: sectores como la salud dependen de mano de obra extranjera justo cuando el clima político puede volver menos atractivo al país. Queda abierto cuánto pesa ese factor frente a la burocracia y la desconfianza que los mismos entrevistados señalan.

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