Burnham rompe el tabú y reabre el debate sobre el Brexit
El primer ministro británico, que cumplió 100 días en el cargo, dice que la salida de la UE fue un fracaso y plantea un vínculo mucho más estrecho, incluso la reincorporación. Dentro de su propio partido las opiniones están divididas.
Durante una década, los gobiernos británicos respetaron una regla básica: no hablar del Brexit y, menos todavía, sugerir que la decisión de los votantes de 2016 de abandonar la Unión Europea podía revertirse. El primer ministro Andy Burnham, que cumplió el martes su día 100 en el cargo, rompió ese silencio. Sostiene que el Brexit fue un fracaso y que el Reino Unido debería buscar una relación mucho más cercana con el bloque de 27 países, con opciones que llegan hasta la reincorporación.
"Soy positivo respecto de unos lazos más estrechos con Europa y no lo escondo", dijo Burnham al Sunday Times. "Creo que sumará al PBI británico. Creo que nos dará un control más fuerte de la migración. Quiero plantear esos argumentos."
Inmigración y economía
En entrevistas recientes, Burnham propuso un "debate basado en la evidencia" sobre las consecuencias del Brexit. Puso como ejemplo la inmigración: los partidarios de la salida prometían control de fronteras al terminar la libre residencia y trabajo de ciudadanos europeos en el Reino Unido. Si bien el país define hoy su propia política migratoria, Burnham afirmó que salir del bloque dificultó el control de la migración irregular, porque se perdió el acceso a bases de datos y acuerdos de la UE. "La verdad es que perdimos el control migratorio que teníamos", dijo a la cadena ITV.
La mayoría de los economistas coincide en que el Brexit perjudicó la economía británica. El referéndum se había resuelto por 52% a 48% y fue seguido por años de disputas sobre los términos del divorcio. El Reino Unido salió finalmente en 2020 con un acuerdo comercial mínimo que levantó nuevas barreras con un mercado de 450 millones de personas.
Los límites y el calendario
Burnham sigue atado a la promesa de Keir Starmer, a quien reemplazó como líder laborista y primer ministro, de no volver a la unión aduanera ni al mercado único. Aseguró que eso podría cambiar después de las próximas elecciones nacionales, que deben celebrarse a más tardar en 2029. En la conferencia anual laborista del mes pasado dijo que "el Brexit hizo más daño que bien" y que buscará consenso político sobre un nuevo vínculo.
El 20 de noviembre habrá una cumbre Reino Unido-UE en Bruselas, donde se discutirá una reconfiguración más acotada: un acuerdo comercial para alimentos y bebidas, pactos sobre energía y comercio de emisiones, y un plan para que jóvenes trabajen por períodos limitados a ambos lados. Por esas fechas, el Gobierno dice que Burnham presentará opciones para la relación de largo plazo y pedirá opinión a la ciudadanía. Su oficina aclaró que no prejuzga el resultado, pero Downing Street admitió que funcionarios británicos y europeos ya mantienen conversaciones informales, con alternativas que incluyen volver al mercado único y a la libre circulación.
Apoyos y rechazos
La UE recibió con agrado el tono más cálido de Londres, aunque sus líderes desconfían de los intentos británicos de obtener beneficios reservados a los miembros. En el Reino Unido, Nigel Farage, líder del antiinmigración Reform UK, afirmó que Burnham "no tiene mandato" para renegociar el Brexit. En el laborismo hay posturas dispares: la diputada Melanie Onn, cuyo distrito votó mayoritariamente por la salida, advirtió contra "reabrir las divisiones del pasado" y escribió que "la confianza política se gana con esfuerzo y se pierde fácil".
David Henig, experto en comercio del Centro Europeo de Economía Política Internacional, señaló que el apoyo al Brexit cayó con los años, pero que los políticos siguen reacios a volver sobre un tema que causó "un colapso nervioso" de la política británica, con siete primeros ministros en una década.
Una lectura
Según Henig, el principal obstáculo no está en Bruselas ni en la opinión pública, sino en si Burnham puede hacerlo viable políticamente: el respaldo amplio no existe hoy "dentro del laborismo, dentro de su propio gabinete". La consulta anunciada para noviembre será la primera prueba de cuánto margen real tiene, y de si la UE está dispuesta a ofrecer algo más que gestos a un país que quiere ventajas de miembro sin serlo.
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