Lula 4 no escenario externo: sin ruptura con EE.UU. y con una región fracturada
Periodistas y analistas del Estadão evaluaron que Trump no muestra señales de romper con Brasil tras la reelección de Lula, aunque el país queda rodeado de gobiernos alineados con Washington.

No hay señales de ruptura de las relaciones entre Brasil y Estados Unidos para el cuarto mandato de Lula. Así lo evaluaron los reporteros del Estadão Carolina Marins y Felipe Frazão y el columnista Filipe Figueiredo, en una transmisión realizada el lunes 26 de octubre. La charla se dio poco después de que Donald Trump dijera a periodistas que le gusta mucho Lula, pero que la elección brasileña parece "manipulada" y "fraudada".
La reacción de Trump
Según Figueiredo, el comentario cumple tres funciones: hacer ruido para agradar a la base ideológica, mantener lazos con la familia Bolsonaro y abrir una puerta de negociación. "Do ponto de vista pragmático, não há nada hoje que o governo Trump sinalize de uma grande ruptura ou de falta de reconhecimiento", afirmó, y lo describió como un estilo que busca "transformar tudo numa transação".
Trump también respaldó el reclamo por la extensión del horario de votación, planteado por Flávio Bolsonaro y por Donald Trump Jr. Los datos del TSE indican que votaron entre las 17 y las 19 unos 34.000 electores, el 0,03% del total, frente a una diferencia de más de 4 millones de votos entre los candidatos.
Para entonces, casi toda la comunidad internacional había reconocido el resultado. De los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, solo EE.UU. no se había pronunciado. Lo habían hecho todos los países de la Unión Europea y casi toda América Latina, de izquierda o de derecha, incluidos el paraguayo Santiago Peña y el presidente de Colombia.
Frazão atribuyó la postura a las divisiones internas del gobierno estadounidense, entre un ala más ideológica y otra más racional. Recordó que bolsonaristas como Eduardo Bolsonaro y Steve Bannon esperaban un gesto radical, como cortar relaciones o comercio, algo "impensável" por los intereses en juego.
Aranceles y elecciones en EE.UU.
El "tarifaço" sigue vigente y el gobierno brasileño espera la respuesta de Washington a una nueva propuesta de negociación. La primera, revelada por el Estadão en septiembre, tenía 21 puntos, entre ellos que disidentes políticos pudieran competir en elecciones libres y justas. Ministros brasileños se reunieron con el representante comercial estadounidense y esperan una devolución hasta fin de octubre. Frazão señaló que el mecanismo de reciprocidad económica "no está fuera del radar", aunque no fue el camino elegido hasta ahora.
Trump será anfitrión del G-20 en mayo. Y la semana próxima EE.UU. celebra elecciones de medio mandato, con encuestas que anticipan una victoria demócrata. Figueiredo planteó dos efectos posibles: una oposición más fuerte podría limitar la agenda externa presidencial, pero lo más probable, dijo, es lo inverso: cuanto mayor la derrota interna, más chances de que Trump busque temas externos para proyectar autoridad. Brasil difícilmente sea la prioridad, que tendería a ser Irán, Cuba y el combate al "narcoterrorismo". Figueiredo mencionó además el riesgo de que Trump no reconozca resultados estaduales alegando fraude.
Una región cercana a Washington
En un continente atravesado por la llamada nueva Doctrina Monroe, defendida por el secretario de Estado Marco Rubio y simbolizada por el Escudo de las Américas, una alianza de seguridad contra el narcotráfico, Brasil está rodeado de gobiernos alineados con Washington. Para los analistas, no está aislado, pero perdió afinidad ideológica con sus vecinos y deberá reconstruir canales caso por caso.
Frazão habló de "casi aislamiento ideológico". Dijo que el gobierno tendió puentes con líderes de derecha como Peña, Daniel Noboa (Ecuador) y Rodrigo Paz (Bolivia), y que Lula no avaló denuncias de fraude de aliados derrotados. Según él, el presidente colombiano y su canciller fueron cordiales con Mauro Vieira en la asunción. Citó fricciones, como la negociación paraguaya para vender excedente energético de Itaipú a empresas estadounidenses y un acuerdo para la presencia de tropas de EE.UU. en la frontera con Brasil, que preocupa a Brasilia.
Figueiredo observó que la geografía es "inescapável": solo Chile y Ecuador no limitan con Brasil, que tiene la mayor economía y población de la región y es el único latinoamericano en el G20 y en los Brics.
Argentina
Brasil y Argentina no tienen embajadores en el otro país, pero según Marins el comercio bilateral nunca estuvo tan firme. Ella observó que el choque con Lula le sirve a Milei en su cálculo electoral, con elecciones generales en cerca de un año, y que podría usar a Brasil como "enemigo externo". Figueiredo agregó que Milei debe equilibrar ese antagonismo con la necesidad de Brasil como socio en la disputa por Malvinas. No cabe esperar una mejora completa, sino un ajuste de tono. Milei debería asistir a la cumbre del Mercosur en Montevideo; Frazão estimó que quedaría solo si respalda las alegaciones de Flávio Bolsonaro.
Desafíos del nuevo mandato
En el Mercosur, el acuerdo con la Unión Europea ya amplió 30% las exportaciones brasileñas, según Frazão, y uno con Canadá podría cerrarse este año, pero Argentina y Uruguay presionan por modificar el Tratado de Asunción. El Consenso de Brasilia y la Celac no se consolidaron, y hay quienes en el gobierno defienden apostar a lo bilateral. Las relaciones con Venezuela, Cuba y Nicaragua, dijo, costaron políticamente a Lula sin resultados concretos.
Marins señaló que la política exterior pasó a interesar al votante, con soberanía e injerencia extranjera en el vocabulario de campaña. El comando de la cancillería está abierto: Vieira y Celso Amorim estarían bajo presión, y circulan los nombres de Fernando Haddad y Simone Tebet. Entre los diplomáticos ganan fuerza Aldo Faleiro y Maurício Lyrio, descrito por Lula como "embaixador de todas as causas difíceis". Reaparece la campaña por una primera canciller mujer. Figueiredo recordó que, al ser el último mandato de Lula, la definición del sucesor para 2030 podría influir en la política exterior.
Lectura
El cuadro es de pragmatismo más que de ruptura: el ruido de Trump convive con un reconocimiento internacional casi unánime y una negociación comercial abierta. Quedan sin respuesta la contestación estadounidense sobre los aranceles, el efecto de las elecciones de medio mandato sobre la agenda hacia la región y quién conducirá Itamaraty. Conviene seguir esos tres frentes, además de cómo se acomoda Milei antes de la cumbre del Mercosur.
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