Israel vota en una elección reñida, la primera desde el 7 de octubre de 2023
Unos 7,3 millones de personas eligen los 120 escaños de la 26.ª Knesset. Netanyahu enfrenta como principal rival al ex jefe militar Gadi Eisenkot, y los sondeos anticipan dificultades para formar mayorías.
Israel comenzó a votar este martes para renovar su Parlamento. Unos 7,3 millones de electores están habilitados para definir los 120 diputados de la 26.ª Knesset, en la primera elección legislativa desde el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023 y la guerra en Gaza que lo siguió. Decenas de miles de israelíes que viven en el exterior viajaron especialmente para votar.
Cómo sigue el calendario
Hay unos 12.000 locales de votación abiertos, la mayoría hasta las 21 (hora de Europa central). Al cierre se divulgarán las primeras proyecciones, basadas en encuestas a boca de urna. Los resultados provisorios se esperan para el jueves y los oficiales, ocho días después de la elección.
Luego, el presidente Isaac Herzog encargará formar gobierno al candidato con mejores chances, que tendrá cuatro semanas para armar una coalición. Se necesitan al menos 61 escaños para una mayoría. Compiten 36 listas y, según los últimos sondeos, cerca de un tercio superaría el umbral del 3,25%.
Netanyahu, Eisenkot y la cuestión de Irán
La contienda se perfila pareja entre el bloque del primer ministro derechista Benjamin Netanyahu y sus opositores, y no se descarta un empate como en elecciones anteriores. El principal rival es Gadi Eisenkot, ex jefe del Ejército, al frente del partido de centro Yashar. Netanyahu formó tras los comicios de noviembre de 2022 el gobierno más a la derecha de la historia del país, con fuerzas religiosas y de extrema derecha.
En los últimos días, medios estadounidenses informaron que Netanyahu presionó por un nuevo ataque conjunto con Estados Unidos contra Irán antes de la votación, y que el presidente Donald Trump se habría negado. La cadena israelí N12 reportó temores en la cúpula militar de que el primer ministro use el conflicto con fines políticos internos, y una disputa con el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir. La dirigencia israelí desmintió los reportes.
Netanyahu también generó titulares con una ilustración de una explosión nuclear sobre Tel Aviv. Eisenkot lo acusó de sembrar miedo y recordó que no logró sus objetivos en la última guerra con Irán, hace unos meses: Netanyahu había planteado destruir el programa nuclear iraní y derrocar a su liderazgo. Teherán niega querer armas atómicas. El primer ministro además mencionó el uso de criptomonedas para prepararse ante eventuales sanciones bancarias internacionales; observadores advierten que una exclusión del sistema financiero golpearía a una economía muy dependiente del comercio exterior y la inversión extranjera. Hoy no hay restricciones amplias contra la banca israelí.
Palestinos y Cisjordania
El conflicto con los palestinos también marcó la campaña. Políticos de derecha prometieron mano dura contra la violencia palestina y casi no abordaron la creciente violencia de colonos israelíes en Cisjordania. El fin de semana, tras un ataque mortal de palestinos armados contra soldados, el Ejército inició una operación en Hebrón que desplazó de sus casas a cientos de palestinos. Según la cadena Kan, el Ejército quería terminarla, pero Netanyahu habría insistido en continuarla por la elección.
La mayoría de los partidos opositores también rechaza un Estado palestino, aunque observadores creen que un cambio de gobierno al menos contendría la violencia en Cisjordania.
Un resultado incierto
Los sondeos indican que ambos bloques podrían tener problemas para reunir mayoría. Entre las salidas posibles figuran un gobierno de unidad con partidos de campos opuestos o uno en minoría; Eisenkot, por ejemplo, podría gobernar con el apoyo tácito de los partidos árabes. Si fracasa la formación de gobierno, Netanyahu podría seguir al frente de un gabinete de transición.
La elección se da con Irán y Cisjordania como frentes abiertos, y observadores esperan otra ronda bélica con Teherán gane quien gane. Habrá que seguir las negociaciones de coalición de las próximas semanas, que pueden pesar tanto como el recuento.
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