Una economista advierte que subir tasas sale caro en lo político
Con la inflación británica en 3,5% y un alza de tasas esperada en noviembre, la autora de un libro sobre economía antifascista sostiene que ese instrumento no resuelve el encarecimiento de los bienes esenciales y alimenta el voto a la extrema derecha.

La inflación del Reino Unido subió a 3,5% en septiembre, su nivel más alto en casi un año, impulsada por el salto de los precios de la energía a raíz de la guerra con Irán. Los mercados esperan que el Banco de Inglaterra aumente la tasa de interés en noviembre. En una columna de opinión, la autora de Anti-Fascist Economics: In Defense of Affordability, Dignity, and Democracy plantea que la discusión no es si combatir la inflación, sino cómo hacerlo, y que la respuesta importa también para la democracia.
El golpe de los bienes esenciales
La autora recuerda lo ocurrido en 2022. Según la medida de costos de los hogares de la Oficina de Estadísticas Nacionales, que refleja la inflación tal como la viven las familias, el pico fue de 12,7% en octubre de 2022, por encima del 11,1% del índice general. Según sus propios cálculos, los bienes esenciales (vivienda, alimentos, energía, combustible para transporte y comunicaciones) subieron 22,5%.
El peso no se repartió por igual. Para la mitad de hogares de menores ingresos, los esenciales que compraban en 2021-22 pasaron a costar el 57% de su ingreso un año después, frente al 49% anterior, mientras que sus ingresos crecieron solo cerca de 2%. Recortaron: compraron alrededor de 7% menos comida y bajaron la calefacción, y aun así gastaron una porción mayor de sus ingresos en lo básico.
Tasas, empleo y vivienda
Para la autora, las tasas más altas no producen más energía ni abaratan los alimentos. Funcionan enfriando la demanda, y el mecanismo clave es una contratación más débil: a hogares ya ahogados por las cuentas se les suma el miedo a perder el trabajo.
También encarecen la vivienda. Alrededor del 85% de las hipotecas son de tasa fija, pero en su mayoría solo por dos o cinco años. Tras 2022, los alimentos y la energía golpearon sobre todo a inquilinos de bajos ingresos, y luego los costos hipotecarios afectaron a propietarios de ingresos medios y altos. Además, sostiene, las tasas altas dejan a los jóvenes fuera de la compra de vivienda, encarecen las inversiones renovables que reducirían la vulnerabilidad a los shocks fósiles y suben el costo de endeudamiento del Estado, lo que reduce su margen de respuesta.
Inseguridad económica y voto
La columna vincula esa pérdida de seguridad con el ascenso de la extrema derecha. Cita que en Alemania los inquilinos de bajos ingresos cuyos alquileres locales subieron un euro por metro cuadrado tenían 4 puntos porcentuales más de probabilidad de apoyar a Alternativa para Alemania (AfD). Una investigación sobre el Brexit halló que la inseguridad económica de los votantes de clase media predijo mejor el voto por salir que la privación en las comunidades más pobres. En Gran Bretaña, Reform UK tenía cifras de un dígito en el punto álgido del shock de precios y subió a medida que los precios seguían altos, los salarios se rezagaban y el gobierno de Keir Starmer no atendía la crisis de asequibilidad.
Como antecedente, evoca la posguerra: John Maynard Keynes advirtió en 1919 que la privación económica avanza en gran medida inadvertida "hasta que se alcanza el límite de la resistencia humana", y entonces la gente escucha "cualquier instrucción de esperanza, ilusión o venganza que le llegue en el aire". Harold Laski, que moldeó la plataforma laborista de 1945, insistía en que los bienes esenciales debían estar bajo control público.
Otra caja de herramientas
La autora propone estabilizar los precios de los esenciales y usar ese tiempo para atacar causas de fondo. En energía, precios garantizados para un consumo base, financiados con impuestos a las ganancias extraordinarias, junto con más energía renovable barata. En vivienda, congelamiento de alquileres y un programa ambicioso de viviendas municipales verdes.
Señala indicios de que el enfoque resuena: en la conferencia laborista del mes pasado, Andy Burnham prometió control público del agua, la energía y la vivienda, y un Servicio Nacional de Cuidados. Desde que es líder, el laborismo superó a Reform UK en las encuestas y terminó con 16 meses de ventaja de ese partido.
Una lectura
Es una postura de autora, no un consenso: el argumento descansa en una comparación con 2022 y en cálculos propios, y deja abierto si el Banco de Inglaterra tiene margen para otra respuesta sin tasas. Lo que sí plantea es una tensión real para los gobiernos: la estabilidad de precios y la estabilidad social pueden tirar en direcciones opuestas. Habrá que ver qué decide el banco en noviembre y si las protestas por el costo de vida en Europa se traducen en más votos para la extrema derecha.